Cómo he llegado hasta aquí (parte 2/4)
Antes de nada, quisiera decir que hoy me siento feliz. Por la mañana he quedado con Alberto, un chico del colectivo LGTB de Cartagena con quien he podido hablar y comentarle mis dudas acerca de cómo afrontar esto de cara a mi familia, informarme sobre los procedimientos hormonales, médicos, burocráticos para cambio de documentación, etc. partiendo de la base de que tengo claro que quiero iniciar la transición. Y después le he contado cómo me siento a una vieja amiga del instituto, Mariló, y ella y su novia me han animado (no es que estuviera mal, pero lo han hecho) dándome todo su apoyo. Además hemos quedado en vernos el día 1 en Murcia un rato.
Bueno, hecha la introducción voy a seguir por donde me quedé ayer.
Tras superar aquel "mal momento", pasaron algunos meses y empecé bachiller. Conocí a bastante gente nueva, entre ellas mi amiga Mariló, la única persona de mi entonces clase con quien sigo manteniendo contacto regularmente. A esta edad fue cuando empecé a hablar de cosas relacionadas con el sexo, la identidad sexual y demás con algunas personas. Antes era un mundo prácticamente desconocido para mí. pero bueno, que me desvío...
En noviembre empecé a hacerme muy amiga de Mari, una de las chicas de mi grupo con las que mejor me llevaba entonces, junto con Claudia. Apenas dos meses después, empezamos a salir. Éramos la primera pareja la una de la otra. Eso afectó bastante a algunas cosas en mi vida.
Primero, era la primera vez que podía llegar a experimentar, aunque fuera al principio mínimamente, sensaciones relacionadas con el sexo, mediante contacto físico con otra persona. Nunca había besado a nadie. Nunca me había liado con nadie. En todo aquello fue Mari la primera persona con quien compartí esas experiencias. Por otro lado, lo que conté al final de la otra entrada acerca de mis dudas sobre mi identidad de género... desaparecieron completamente, al menos eso creí yo, durante mucho tiempo.
Cierto es que conforme la relación avanzaba, aprendía cosas nuevas, tanto directamente provocadas por la relación en sí como indirectamente; por ejemplo, sensaciones físicas y emocionales desconocidas para mí hasta entonces. Me reafirmaba con mi identidad (masculina, quiero decir). Fue esta época (2013) cuando empecé a entender el mundo de la bisexualidad, la homosexualidad e incluso la transexualidad. Y con entender me refiero a conocerlo más bien por encima (saber que existe y poco más, como algo totalmente ajeno a mí y a mi círculo social). También descubrí, por purísima casualidad, el BDSM durante una estancia en Edimburgo en verano, cosa que ha resultado ser sumamente trascendental en mí (aunque lo habría descubierto tarde o temprano), aunque a eso le dedicaré su debido tiempo más adelante. Que me vuelvo a desviar (perdonad si desvarío, es que a partir de aquí mi vida se ha ido volviendo más compleja, y como cada vez hablo de cosas más recientes, recuerdo también más cosas y mejor).
El caso es que dentro de la relación no tenía dudas sobre mi género ni sobre mi orientación sexual. En algunas ocasiones; no necesariamente en la relación en sí ni por Mari, sino en esa época (mis 16/17 años); había algunas referencias puntuales por parte de personas aleatorias (podía ser mi madre, mi novia, mi prima o una amiga) a rasgos femeninos, físicos, en mí. Al ir finalizando la etapa de pubertad es cuando más contrastes hay entre rasgos físicos masculinos y femeninos presentes en los cuerpos de cualquier persona. Y hay tanto mujeres como hombres que pueden tener algunos rasgos que pueden ser más propios del género opuesto. Ahí va una foto mía de marzo de 2013, meses antes de cumplir los 17:
Como curiosidad, esa foto es en el lago Bled, al noroeste de Eslovenia. Fuimos de intercambio con el instituto, y ese lago tiene la única isla de todo el país en su interior. Es realmente precioso. Y el bombón que sale a mi lado es Mari, llevábamos dos meses saliendo.
Pero bueno, que me voy del tema. Ahí me podéis ver: pelo corto, mil veces más corto que el que llevo ahora; barba 0 (en ese momento no me preocupaba) y del acné juvenil ni hablemos. Físicamente he salido a mi madre, y mi hermano a mi padre. Mis ojos, mi tono de pelo, mis rasgos faciales... son de ella totalmente. Quizá hasta el punto de tener una mínima apariencia femenina. No lo sé. No era el chico más varonil de mi edad ni de lejos, pero tampoco me veía afeminada. Sencillamente no pensaba en esas cosas.
Al poco de empezar segundo de bachiller, empecé a tener cambios de actitud. El primero que fue más notable fue mi negativa rotunda a cortarme el pelo. Llevaba muchos años queriendo tenerlo largo. Recuerdo que a veces, de adolescente, llegaba a soñar en ocasiones que tenía una melena larguísima, hasta la cintura prácticamente, y era la persona más feliz del mundo. Luego me despertaba y me ponía triste, pero además de verdad. Y con 17 años ya era edad más que suficiente para empezar a hacer lo que yo quisiera con mi cuerpo, especialmente mi pelo. De entrada me supuso peleas constantes con mi madre, pero yo era feliz viendo a mi pelo más largo cada vez que me miraba al espejo.
Hasta marzo no llegué ni siquiera a sanearlo por miedo a perder la longitud que tanto había tardado en conseguir, pero acabé dándole un repaso y perdió algunos centímetros, pero tiempo después ya los había recuperado. La relación entre Mari y yo, duró casi año y medio, hasta mayo de 2014, poco antes de hacer la Selectividad y cumplir yo la mayoría de edad.
Especialmente durante los últimos meses de la relación, Mari y yo intimamos más (en intensidad, no en frecuencia). Al terminar la relación, sin embargo, seguía siendo virgen. No había llegado a practicar la penetración genital. En todo momento mi identidad sexual era la misma, heterosexual. Hago referencias a estas cosas para explicar cómo influyen en mi identidad sexual y en última instancia, de género. Y hasta el momento, no habían influido en absoluto en cuanto a alterarlas. Manteniendo relaciones o no, me sentía chico y me sentía heterosexual. No me planteaba siquiera otra cosa.
En septiembre de 2014 empecé la Universidad. Me mudé a Cartagena, a una residencia de estudiantes. Dedicaré a estas cosas otra entrada más adelante. En cuanto a esto, resumidamente, desde que mari y yo cortásemos, durante todo mi primer año de Universidad, y hasta el principio de mi segundo año, no recuerdo haberme vuelto a plantear nada acerca de mi género, no resurgieron aquellas traumáticas (lo fueron en su día) dudas de mis quince años. Seguí siendo virgen también, ya empezando mi segundo año como universitaria, y los chicos no me atraían en absoluto, seguía sintiéndome tan heterosexual como siempre. Y es a finales de 2015 cuando entra en el rompecabezas que es mi vida una nueva pieza: Tamy.
Pero de momento por hoy lo dejo aquí. Llevo cerca de una hora escribiendo, recordando cosas, y estoy algo cansada. Me he extendido en esta parte mucho más de lo que pensaba, pensaba realmente acabar esto hoy en esta segunda parte, pero serán tres partes al final, concluyendo mañana mismo. Espero que os esté gustando o al menos entreteniendo, ¡mañana más!
Bueno, hecha la introducción voy a seguir por donde me quedé ayer.
Tras superar aquel "mal momento", pasaron algunos meses y empecé bachiller. Conocí a bastante gente nueva, entre ellas mi amiga Mariló, la única persona de mi entonces clase con quien sigo manteniendo contacto regularmente. A esta edad fue cuando empecé a hablar de cosas relacionadas con el sexo, la identidad sexual y demás con algunas personas. Antes era un mundo prácticamente desconocido para mí. pero bueno, que me desvío...
En noviembre empecé a hacerme muy amiga de Mari, una de las chicas de mi grupo con las que mejor me llevaba entonces, junto con Claudia. Apenas dos meses después, empezamos a salir. Éramos la primera pareja la una de la otra. Eso afectó bastante a algunas cosas en mi vida.
Primero, era la primera vez que podía llegar a experimentar, aunque fuera al principio mínimamente, sensaciones relacionadas con el sexo, mediante contacto físico con otra persona. Nunca había besado a nadie. Nunca me había liado con nadie. En todo aquello fue Mari la primera persona con quien compartí esas experiencias. Por otro lado, lo que conté al final de la otra entrada acerca de mis dudas sobre mi identidad de género... desaparecieron completamente, al menos eso creí yo, durante mucho tiempo.
Cierto es que conforme la relación avanzaba, aprendía cosas nuevas, tanto directamente provocadas por la relación en sí como indirectamente; por ejemplo, sensaciones físicas y emocionales desconocidas para mí hasta entonces. Me reafirmaba con mi identidad (masculina, quiero decir). Fue esta época (2013) cuando empecé a entender el mundo de la bisexualidad, la homosexualidad e incluso la transexualidad. Y con entender me refiero a conocerlo más bien por encima (saber que existe y poco más, como algo totalmente ajeno a mí y a mi círculo social). También descubrí, por purísima casualidad, el BDSM durante una estancia en Edimburgo en verano, cosa que ha resultado ser sumamente trascendental en mí (aunque lo habría descubierto tarde o temprano), aunque a eso le dedicaré su debido tiempo más adelante. Que me vuelvo a desviar (perdonad si desvarío, es que a partir de aquí mi vida se ha ido volviendo más compleja, y como cada vez hablo de cosas más recientes, recuerdo también más cosas y mejor).
El caso es que dentro de la relación no tenía dudas sobre mi género ni sobre mi orientación sexual. En algunas ocasiones; no necesariamente en la relación en sí ni por Mari, sino en esa época (mis 16/17 años); había algunas referencias puntuales por parte de personas aleatorias (podía ser mi madre, mi novia, mi prima o una amiga) a rasgos femeninos, físicos, en mí. Al ir finalizando la etapa de pubertad es cuando más contrastes hay entre rasgos físicos masculinos y femeninos presentes en los cuerpos de cualquier persona. Y hay tanto mujeres como hombres que pueden tener algunos rasgos que pueden ser más propios del género opuesto. Ahí va una foto mía de marzo de 2013, meses antes de cumplir los 17:
Como curiosidad, esa foto es en el lago Bled, al noroeste de Eslovenia. Fuimos de intercambio con el instituto, y ese lago tiene la única isla de todo el país en su interior. Es realmente precioso. Y el bombón que sale a mi lado es Mari, llevábamos dos meses saliendo.
Pero bueno, que me voy del tema. Ahí me podéis ver: pelo corto, mil veces más corto que el que llevo ahora; barba 0 (en ese momento no me preocupaba) y del acné juvenil ni hablemos. Físicamente he salido a mi madre, y mi hermano a mi padre. Mis ojos, mi tono de pelo, mis rasgos faciales... son de ella totalmente. Quizá hasta el punto de tener una mínima apariencia femenina. No lo sé. No era el chico más varonil de mi edad ni de lejos, pero tampoco me veía afeminada. Sencillamente no pensaba en esas cosas.
Al poco de empezar segundo de bachiller, empecé a tener cambios de actitud. El primero que fue más notable fue mi negativa rotunda a cortarme el pelo. Llevaba muchos años queriendo tenerlo largo. Recuerdo que a veces, de adolescente, llegaba a soñar en ocasiones que tenía una melena larguísima, hasta la cintura prácticamente, y era la persona más feliz del mundo. Luego me despertaba y me ponía triste, pero además de verdad. Y con 17 años ya era edad más que suficiente para empezar a hacer lo que yo quisiera con mi cuerpo, especialmente mi pelo. De entrada me supuso peleas constantes con mi madre, pero yo era feliz viendo a mi pelo más largo cada vez que me miraba al espejo.
Hasta marzo no llegué ni siquiera a sanearlo por miedo a perder la longitud que tanto había tardado en conseguir, pero acabé dándole un repaso y perdió algunos centímetros, pero tiempo después ya los había recuperado. La relación entre Mari y yo, duró casi año y medio, hasta mayo de 2014, poco antes de hacer la Selectividad y cumplir yo la mayoría de edad.
Especialmente durante los últimos meses de la relación, Mari y yo intimamos más (en intensidad, no en frecuencia). Al terminar la relación, sin embargo, seguía siendo virgen. No había llegado a practicar la penetración genital. En todo momento mi identidad sexual era la misma, heterosexual. Hago referencias a estas cosas para explicar cómo influyen en mi identidad sexual y en última instancia, de género. Y hasta el momento, no habían influido en absoluto en cuanto a alterarlas. Manteniendo relaciones o no, me sentía chico y me sentía heterosexual. No me planteaba siquiera otra cosa.
En septiembre de 2014 empecé la Universidad. Me mudé a Cartagena, a una residencia de estudiantes. Dedicaré a estas cosas otra entrada más adelante. En cuanto a esto, resumidamente, desde que mari y yo cortásemos, durante todo mi primer año de Universidad, y hasta el principio de mi segundo año, no recuerdo haberme vuelto a plantear nada acerca de mi género, no resurgieron aquellas traumáticas (lo fueron en su día) dudas de mis quince años. Seguí siendo virgen también, ya empezando mi segundo año como universitaria, y los chicos no me atraían en absoluto, seguía sintiéndome tan heterosexual como siempre. Y es a finales de 2015 cuando entra en el rompecabezas que es mi vida una nueva pieza: Tamy.
Pero de momento por hoy lo dejo aquí. Llevo cerca de una hora escribiendo, recordando cosas, y estoy algo cansada. Me he extendido en esta parte mucho más de lo que pensaba, pensaba realmente acabar esto hoy en esta segunda parte, pero serán tres partes al final, concluyendo mañana mismo. Espero que os esté gustando o al menos entreteniendo, ¡mañana más!

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