Cómo he llegado hasta aquí (parte 3/4)
Ayer, una amiga que leyó mi entrada anterior me dijo que esto no iban a ser tres partes (en principio iban a ser sólo dos) sino más. Me esforzaré en intentar condensar todo lo que me queda por contar sobre cómo he llegado a mi situación actual en esta entrada.
Bien, sigo por donde me quedé. A principios de enero de 2016 empecé a salir con Tamy, una chica que había conocido en el jugger de Murcia al poco de reincorporarme en verano de 2014, y que siempre me había caído bien aunque no hubiéramos tenido mucho contacto hasta poco antes de empezar la relación. Ella era unos años mayor que yo.
En lo relativo al sexo, como dije antes, a mis 19 años seguía siendo virgen, y fue con Tamy con quien perdí la virginidad. No importaba cuánto tiempo hubiera pasado desde que la hubiese perdido ni las veces que lo hiciera. Todo lo que descubría o me interesaba lo hacía desde la más estricta heterosexualidad; no me atraían lo más mínimo los chicos sexualmente hablando. También quiero destacar que, sobre todo al principio de la relación, aprendí muchas cosas que posiblemente debía saber desde antes, acerca de salud y prevención en el sexo, que me enseñó Tamy, quien tenía muchísima más experiencia que yo en ello. Me remito a aquel libro que mi madre me dio a los doce años. Prácticamente todo lo que sé sobre ello se lo debo a lo que en su día me enseñó Tamy.
En cuanto al tema del género, la cosa empieza a cambiar muy, muy poco. Poco antes de empezar a salir, había ido a sanearme el pelo. Aquello más que un saneo fue una masacre de cabello, me cortaron mucho más de lo que esperaba y perdí cerca de la mitad de la longitud de pelo. Por suerte, el pelo me crece relativamente rápido, y pronto la recuperé (sumado a que estuve muchísimo tiempo sin pisar una peluquería después de aquello). En abril, llevando tres meses saliendo, un día estando en la residencia de estudiantes, Tamy me planchó el pelo. Era la primera vez que llevaba el pelo planchado, totalmente liso, algo que me gustaba muchísimo más que mi pelo ondulado natural:
Bien, sigo por donde me quedé. A principios de enero de 2016 empecé a salir con Tamy, una chica que había conocido en el jugger de Murcia al poco de reincorporarme en verano de 2014, y que siempre me había caído bien aunque no hubiéramos tenido mucho contacto hasta poco antes de empezar la relación. Ella era unos años mayor que yo.
En lo relativo al sexo, como dije antes, a mis 19 años seguía siendo virgen, y fue con Tamy con quien perdí la virginidad. No importaba cuánto tiempo hubiera pasado desde que la hubiese perdido ni las veces que lo hiciera. Todo lo que descubría o me interesaba lo hacía desde la más estricta heterosexualidad; no me atraían lo más mínimo los chicos sexualmente hablando. También quiero destacar que, sobre todo al principio de la relación, aprendí muchas cosas que posiblemente debía saber desde antes, acerca de salud y prevención en el sexo, que me enseñó Tamy, quien tenía muchísima más experiencia que yo en ello. Me remito a aquel libro que mi madre me dio a los doce años. Prácticamente todo lo que sé sobre ello se lo debo a lo que en su día me enseñó Tamy.
En cuanto al tema del género, la cosa empieza a cambiar muy, muy poco. Poco antes de empezar a salir, había ido a sanearme el pelo. Aquello más que un saneo fue una masacre de cabello, me cortaron mucho más de lo que esperaba y perdí cerca de la mitad de la longitud de pelo. Por suerte, el pelo me crece relativamente rápido, y pronto la recuperé (sumado a que estuve muchísimo tiempo sin pisar una peluquería después de aquello). En abril, llevando tres meses saliendo, un día estando en la residencia de estudiantes, Tamy me planchó el pelo. Era la primera vez que llevaba el pelo planchado, totalmente liso, algo que me gustaba muchísimo más que mi pelo ondulado natural:
Al natural era más o menos un tercio más corto en aquel entonces. Hoy día con mi longitud actual no gano tanto en proporción, pero que aquel día me "creciese" tanto el pelo de repente para mí era una gloria.
¿Por qué tanta importancia a algo como el pelo? No estoy segura, pero intento pensar como pensaba en aquel entonces, hace casi tres años. Un pelo largo era posiblemente el rasgo más femenino que podía tener entonces (aunque la longitud de pelo no es propia de un género u otro, claro; pero generalmente es muchísimo más común en las chicas), y es probable que, sin yo saberlo, fuera eso lo que me hiciera sentirme así de feliz. Tamy recordará probablemente lo mucho que me gustaba tener así el pelo. Me sentía, de alguna forma, más yo, aunque fuera por algo tan "banal" como el pelo.
¿Por qué tanta importancia a algo como el pelo? No estoy segura, pero intento pensar como pensaba en aquel entonces, hace casi tres años. Un pelo largo era posiblemente el rasgo más femenino que podía tener entonces (aunque la longitud de pelo no es propia de un género u otro, claro; pero generalmente es muchísimo más común en las chicas), y es probable que, sin yo saberlo, fuera eso lo que me hiciera sentirme así de feliz. Tamy recordará probablemente lo mucho que me gustaba tener así el pelo. Me sentía, de alguna forma, más yo, aunque fuera por algo tan "banal" como el pelo.
Con el tiempo, tanto dentro como fuera de lo que abarcaba la relación entre Tamy y yo, de vez en cuando, empecé a recibir ciertos comentarios de gente "aleatoria" (unas veces familia, otras amigos, otras incluso algún compañero de clase) aludiendo a alguna característica femenina en mí. Pongo un ejemplo.
Cuando empezó a entrar el frío ya en otoño de 2016, para la temporada de jugger que empezaba, decidí usar unas mallas térmicas que tenía desde el intercambio que hicimos a Eslovenia años antes y que desde entonces no había usado. Esas mallas eran evidentemente ajustadas, me marcaban bastante el culo y las piernas. Y era algo que me gustaba de pensarlo. Pero lo importante es que algunas veces me hacían comentarios (siempre gente de jugger que era donde las usaba) del tipo "¡Vaya piernas, Yeray guapa!" o "Vaya culo tienes tía" e incluso alguna vez "¡Que no me entere yo que ese culo pasa hambre!". Esas fueron las primeras veces, cuando me habitué a usarlas los comentarios cesaron.
Y aquí viene el quid de la cuestión: me gustaba. Sí, me gustaba oír esos comentarios, pero tan solo porque se referían a mí en femenino o me atribuían rasgos o características femeninas. Eran sensaciones de felicidad momentáneas, que desaparecían casi tan rápido como llegaban. Pero estaban. Y no hubo excepción alguna. El efecto de esos comentarios, siempre que no fueran en tono despectivo (que alguna vez los hubo), era siempre el mismo.
No me explayaré mucho más con esto, ya que he hablado de la mayoría de cosas importantes relacionadas con mi situación actual de esta época. Únicamente quiero hablar de otra más, antes de la ruptura entre Tamy y yo. Esta está más relacionada con mi identidad sexual que con mi identidad de género, pero creo que con esta segunda también lo puede estar (recordad que todavía tengo esto muy reciente, sigo asimilando ideas y encajando recuerdos aunque tenga las cosas claras de cara al futuro).
El 27 de junio de 2017 (lo recuerdo porque era mi 21 cumpleaños, aunque se me da bien recordar fechas en general) estaba pasando la mañana con Tamy en mi piso de estudiantes en Cartagena, antes de una quedada sorpresa que ella me había organizado. Estábamos hablando de temas varios, cuando fuimos desvariando y ella me preguntó en un momento determinado:
"Oye, Yeray, ¿has pensado alguna vez si te atraería probar algo físico con algún chico?"
Cuando empezó a entrar el frío ya en otoño de 2016, para la temporada de jugger que empezaba, decidí usar unas mallas térmicas que tenía desde el intercambio que hicimos a Eslovenia años antes y que desde entonces no había usado. Esas mallas eran evidentemente ajustadas, me marcaban bastante el culo y las piernas. Y era algo que me gustaba de pensarlo. Pero lo importante es que algunas veces me hacían comentarios (siempre gente de jugger que era donde las usaba) del tipo "¡Vaya piernas, Yeray guapa!" o "Vaya culo tienes tía" e incluso alguna vez "¡Que no me entere yo que ese culo pasa hambre!". Esas fueron las primeras veces, cuando me habitué a usarlas los comentarios cesaron.
Y aquí viene el quid de la cuestión: me gustaba. Sí, me gustaba oír esos comentarios, pero tan solo porque se referían a mí en femenino o me atribuían rasgos o características femeninas. Eran sensaciones de felicidad momentáneas, que desaparecían casi tan rápido como llegaban. Pero estaban. Y no hubo excepción alguna. El efecto de esos comentarios, siempre que no fueran en tono despectivo (que alguna vez los hubo), era siempre el mismo.
No me explayaré mucho más con esto, ya que he hablado de la mayoría de cosas importantes relacionadas con mi situación actual de esta época. Únicamente quiero hablar de otra más, antes de la ruptura entre Tamy y yo. Esta está más relacionada con mi identidad sexual que con mi identidad de género, pero creo que con esta segunda también lo puede estar (recordad que todavía tengo esto muy reciente, sigo asimilando ideas y encajando recuerdos aunque tenga las cosas claras de cara al futuro).
El 27 de junio de 2017 (lo recuerdo porque era mi 21 cumpleaños, aunque se me da bien recordar fechas en general) estaba pasando la mañana con Tamy en mi piso de estudiantes en Cartagena, antes de una quedada sorpresa que ella me había organizado. Estábamos hablando de temas varios, cuando fuimos desvariando y ella me preguntó en un momento determinado:
"Oye, Yeray, ¿has pensado alguna vez si te atraería probar algo físico con algún chico?"
Automáticamente se dibujó un NO bien grande en mi mente, casi sin pensar, y se lo dije, algo sorprendida por la pregunta. A lo que ella respondió "¿Y cómo lo sabes, cómo puedes estar tan seguro si no lo has probado?".
Reconozco que ahí me pilló completamente. Una persona no sabe si le gusta algo o no si no lo prueba, bien. Pero puede ser que, sin probar algo, tiendas a rehuir hacerlo, como pasa con las personas heterosexuales (salvo excepciones, claro) en mantener relaciones con alguien de su mismo sexo, con las personas occidentales en general a comer insectos, etc. Y se lo dije, que no lo había probado pero no me atraía en absoluto hacerlo. Planteamos varias posibilidades supuestas, intentando imaginarme en cada una. Con un chico solo, con ella y un chico haciendo un trío, solamente liarme con un chico, etc. Pero ninguna me atraía lo más mínimo por haber en ellas un sujeto de mi mismo sexo.
En un principio la conversación quedó únicamente en eso. Pero la he mencionado porque en cuanto empiece a hablar de mis dudas sobre mi identidad sexual me remitiré a ella. Esa misma noche le hablé sobre el BDSM y lo que significa para mí, pero eso es otra historia de la que hablaré en otro momento.
El año siguiente dejé Cartagena y empecé a estudiar en la UPV en el campus de Alcoy (pueblo al norte de la provincia de Alicante, a 7 km de la provincia de Valencia). Apenas un mes después de llegar y empezar las clases, mi relación sentimental con Tamy se terminó.
Reconozco que ahí me pilló completamente. Una persona no sabe si le gusta algo o no si no lo prueba, bien. Pero puede ser que, sin probar algo, tiendas a rehuir hacerlo, como pasa con las personas heterosexuales (salvo excepciones, claro) en mantener relaciones con alguien de su mismo sexo, con las personas occidentales en general a comer insectos, etc. Y se lo dije, que no lo había probado pero no me atraía en absoluto hacerlo. Planteamos varias posibilidades supuestas, intentando imaginarme en cada una. Con un chico solo, con ella y un chico haciendo un trío, solamente liarme con un chico, etc. Pero ninguna me atraía lo más mínimo por haber en ellas un sujeto de mi mismo sexo.
En un principio la conversación quedó únicamente en eso. Pero la he mencionado porque en cuanto empiece a hablar de mis dudas sobre mi identidad sexual me remitiré a ella. Esa misma noche le hablé sobre el BDSM y lo que significa para mí, pero eso es otra historia de la que hablaré en otro momento.
El año siguiente dejé Cartagena y empecé a estudiar en la UPV en el campus de Alcoy (pueblo al norte de la provincia de Alicante, a 7 km de la provincia de Valencia). Apenas un mes después de llegar y empezar las clases, mi relación sentimental con Tamy se terminó.
Ello me hizo empezar una época nueva en mi vida, la que acaba de terminar ahora que voy a iniciar la transición. Especialmente los primeros meses, se caracterizaon por malestar continuo, visitas periódicas a la psicóloga, más idas y venidas a Murcia que nunca antes pese a estar más lejos que los otros años (para poder quedar con mis amigos de allí y evadirme de mi malestar), aislamiento físico y mental de todo en general, empeoramiento exponencial de mi rendimiento en los estudios (hasta que abandoné ingeniería del todo, aunque ya tenía dudas desde bastante antes de la ruptura, esta no fue en absoluto determinante en esto), etc.
Esa es la parte mala por así decirlo de esa época. Tuvo sus partes buenas y su partes ni malas ni buenas, y me voy a centrar sólo en lo relativo a esto. Bien, poco después de la ruptura, mi líbido seguía por las nubes como llevaba desde verano estando, y de la noche a la mañana había desaparecido la posibilidad de mantener relaciones (puede sonar frío e interesado, pero no es mi intención, sólo hago referencia estrictamente a lo que tiene que ver con esto, para mí el sexo no era ni de lejos lo más importante de la relación). Tras la ruptura por razones evidentes di un bajón monumental un tiempo, que poco a poco desapareció y fui volviendo a ser la persona de antes en ese ámbito. O... ¿no?
Lo cierto es que empecé no poder autosatisfacerme como lo había hecho hasta ahora. Incluso hasta el punto de no sentir la misma satisfacción "sólamente a través del cuerpo femenino". Sentía como que necesitaba más, siempre o casi siempre me quedaba al menos en parte insatisfecha. Y recordé la conversación que tuve con Tamy en el piso donde rehuía todo lo que fuera el contacto sexual con un chico. Aquello empezaba a no ser así.
Mi líbido me hizo empezar a dudar de mi orientación sexual con el paso de los meses, sobre todo a partir ya de febrero de 2018. Que me atrayeran físicamente los chicos era algo que en gran medida me ayudó a considerar la pornografía. Cada vez más no me identificaba con el chico sino con la chica (en el caso de una relación heterosexual), o en todo caso, con la persona pasiva que mantenía relaciones con un chico, incluso siendo otro chico. Al principio me costó muchísimo, pero con el tiempo logré entenderme a mí misma y asumir cierta atracción masculina en mí. Y la principal causante de ese "descubrimiento" fue mi líbido.
Esa es la parte mala por así decirlo de esa época. Tuvo sus partes buenas y su partes ni malas ni buenas, y me voy a centrar sólo en lo relativo a esto. Bien, poco después de la ruptura, mi líbido seguía por las nubes como llevaba desde verano estando, y de la noche a la mañana había desaparecido la posibilidad de mantener relaciones (puede sonar frío e interesado, pero no es mi intención, sólo hago referencia estrictamente a lo que tiene que ver con esto, para mí el sexo no era ni de lejos lo más importante de la relación). Tras la ruptura por razones evidentes di un bajón monumental un tiempo, que poco a poco desapareció y fui volviendo a ser la persona de antes en ese ámbito. O... ¿no?
Lo cierto es que empecé no poder autosatisfacerme como lo había hecho hasta ahora. Incluso hasta el punto de no sentir la misma satisfacción "sólamente a través del cuerpo femenino". Sentía como que necesitaba más, siempre o casi siempre me quedaba al menos en parte insatisfecha. Y recordé la conversación que tuve con Tamy en el piso donde rehuía todo lo que fuera el contacto sexual con un chico. Aquello empezaba a no ser así.
Mi líbido me hizo empezar a dudar de mi orientación sexual con el paso de los meses, sobre todo a partir ya de febrero de 2018. Que me atrayeran físicamente los chicos era algo que en gran medida me ayudó a considerar la pornografía. Cada vez más no me identificaba con el chico sino con la chica (en el caso de una relación heterosexual), o en todo caso, con la persona pasiva que mantenía relaciones con un chico, incluso siendo otro chico. Al principio me costó muchísimo, pero con el tiempo logré entenderme a mí misma y asumir cierta atracción masculina en mí. Y la principal causante de ese "descubrimiento" fue mi líbido.
Sin embargo, la cosa no quedó ahí. Con el tiempo más que un atractivo hacia el sexo masculino, lo que tenía era más bien el deseo de ser la chica, no de estar en su lugar. Con esto quiero decir que me identificaba así hasta el punto de querer mantener relaciones como una chica, no como un chico. Esa fue la primera vez desde mis quince años que me volvió la sensación de querer ser una chica, ahora por una razón muy diferente a la de entonces.
Y me deprimí. Ni de lejos tanto como aquella vez, pero lo pasé bastante mal.
Y me deprimí. Ni de lejos tanto como aquella vez, pero lo pasé bastante mal.
Para marzo, conocí por internet a un chico de Argentina con el que empecé a hablar. A través de él, conocí a una pareja de españoles un año mayores que yo, chico y chica, ella de Almería y él de Valencia. Con el tiempo nos empezamos a hacer bastante amigos, sobre todo ella y yo. Ellos tenían una relación abierta. Para entonces había conseguido dejar atrás la mayor parte del dolor por la ruptura con Tamy, aunque tuviera mis bajones circunstanciales, y podía pensar en otras cosas. La cosa es que con el paso del tiempo fui cogiendo confianza con ellos, y el puente del Día del Trabajador lo pasé en el piso de él en Valencia, los dos solos. Y mantuvimos relaciones.
Aquello permitió aclarar mis dudas completamente sobre mi identidad sexual. Definitivamente me gustaban los chicos, disfruté mucho más de lo que yo misma me esperaba. Y las chicas me gustaban igualmente, por lo que desde aquellos días me considero bisexual, sin dudas y sin tapujos.
Aquello permitió aclarar mis dudas completamente sobre mi identidad sexual. Definitivamente me gustaban los chicos, disfruté mucho más de lo que yo misma me esperaba. Y las chicas me gustaban igualmente, por lo que desde aquellos días me considero bisexual, sin dudas y sin tapujos.
Bien, hasta aquí la parte de mi identidad sexual. Ha sido larga, pesada, pero necesaria porque tiene bastante relación con mi identidad de género, la cual abarca prácticamente todo lo que me queda por explicar a partir de ahora. Pero lo dejo para la cuarta entrada, que publicaré mañana. ¡Feliz Nochevieja y próspero Año Nuevo!
P.D. Corpus, tenías razón. Van a ser cuatro partes al final.
P.D. Corpus, tenías razón. Van a ser cuatro partes al final.

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