Asimilación
Hola. Perdonad, llevo más de una semana sin escribir nada, pero es que he estado bastante liada estos días. Voy a resumir todo lo que me ha ocurrido últimamente en unos párrafos.
Lo más importante sin lugar a dudas, fue cuando a mediados de la pasada semana mi madre bajó a Cartagena a hablar con mi tutora del instituto, Marioly, y con Alberto, del colectivo Galactycos. Como anécdota, contaré que unos minutos antes de acabar mi clase previa a la charla con mi madre y Marioly, fui al baño (de chicas, he empezado a ir desde el lunes pasado), y al salir justo, entró mi madre. Yo me sorprendí, pero la cara de ella era otro mundo, se quedó perpleja. Y me da mucha pena, porque sé que lo está pasando muy mal con esto, bastante peor de lo que me imaginaba.
A Marioly mi madre le contó multitud de cosas sobre mi pasado, más de las que esperaba y más de las que me hubiera gustado, pero ni la interrumpí, ni protesté ni nada; cosa que más adelante Marioly me dijo que le sorprendió de mí, para bien. Me animó Marioly a ir con mi madre a terapia familiar, enfocada a recuperar una buena relación de unión entre nosotras dos, aprovechando este momento particular de mi vida. Con tal de que mi madre estuviera mejor, acepté ir, aunque la idea no me convenciera ni me convenza del todo.
Además, mi madre había buscado por su cuenta una terapeuta en Cartagena, que estaba al lado de donde yo estudio, de forma que ella vendría aquí a hacer la terapia, en vez de ir yo a Murcia.
Tras ello, fuimos a hablar con Alberto, del colectivo. Con Marioly estuvimos rondando las dos horas, pero con Alberto estuvimos poco más de la mitad. La charla aquí fue más distendida, aunque antes no había sido especialmente tensa, porque mi madre estaba algo más tranquila tras haber hablado con mi tutora. No se repitió en todas las cosas, sí en algunas, y Alberto pudo hablar desde un punto de vista más cercano al colectivo trans y LGTB en general.
Sé que he omitido los detalles de las charlas, pero es que no quiero extenderme con eso. Principalmente mi madre pudo desahogarse, y no en un mal sentido, con personas de mi entorno o que sabían sobre el tema como eran ellos dos, Alberto y Marioly.
Ya pasadas las tres y media, fuimos al cien montaditos a comer las dos, aprovechando la oferta del miércoles todo (casi todo) a un euro, y la invité yo. Me dijo que estaba algo más tranquila, aunque llevaría mucho tiempo asimilar esto, normalizarlo y estar bien. Esto le superada, y mi madre ha sido siempre una mujer muy fuerte, y lo ha demostrado especialmente desde que mi padre la dejó a finales de 1999.
Ahora bien, yo me alivié de más aquel día. A media mañana del día siguiente, tenía cita ella con la terapeuta, ella sola. Y casi a la misma hora tenía yo cita con Mery, una psicóloga especializada en orientación sexual e identidad de género que tanto Marioly como Alberto me habían recomendado. Como anécdota, me dijo que no me había reconocido en la sala de espera (yo era la única persona esperando) porque le habían dicho que estaba esperando un chico, pero que al verme ella vio a una chica. Me sentí muy feliz cuando me lo dijo, la verdad.
Le conté cómo había llegado a sentirme así, antecedentes que he resumido en otras entradas, etcétera. ¿Y sabéis qué fue lo mejor? No vio nada raro, lo vio normal, incluso que conocía casos parecidos. En efecto, no todo el mundo empieza a "manifestar cosas" a edades súper tempranas. Hay quienes empiezan más allá de los cuarenta incluso. Me dijo también que lo de la terapeuta era buena idea, y que tendría que llenarme de paciencia con mi familia. Me pareció una chica súper agradable, quienes me la recomendaron no exageraban para nada.
Esa tarde hablé con mi madre; me había pedido cita al terminar ella con la terapeuta para mañana a las siete, con lo que lo que hable con ella lo contaré en la siguiente entrada. Le hablé sobre Mery, y aquí fue cuando me di cuenta de que me había "aliviado" excesivamente el día anterior. Empezó a ponerse más como al principio, no tan abierta como antes. Decía cosas como que las personas con las que había hablado (Mery, Alberto) lo que hacían era darme la razón, nadie me decía nada opuesto. Ella lo ve quizá como un debate, aunque no lo exprese, no que ni siquiera un psicólogo me va a decir si lo que hago está bien o no, porque no hay nada que cuestionar sobre ello, no es una decisión que esté bien o mal, es como soy yo. No es por ejemplo aceptar o rechazar un trabajo, comprarme un coche u otro, apostar X dinero en algo. Es algo distinto, pero queda mucho para que mi madre lo vea así, si es que algún dia lo hace, lo cual no lo veo del todo necesario para que me vea como realmente soy yo.
He de decir que me estresé bastante y me agobié, de ver cómo de repente la cosa daba varios pasitos hacia atrás. Sabía que esto iba a ser de todo menos fácil; pero como dije en una entrada anterior, hasta que no lo vives no lo entiendes de verdad. Por suerte, esa tarde tuve entrenamiento de jugger y pude descargar adrenalina. Intento desde el primer momento hacer ver a mi madre que ante todo, estoy feliz, pero sé que pese a ello, habrá un tiempo que ella no lo estará. Y lo paso mal por ella también. No quiero verla así, pero me "tranquiliza", por así decirlo, saber que era algo totalmente inevitable. Sólo intento que sea lo más leve y corto posible para ella.
No he vuelto a hablar del tema con mi madre. El sábado me compré mi primera falda, de polipiel, negra y ni muy suelta ni de tubo. Y hoy mi madre, para mi sorpresa, ha ido a hablar con Mery a mediodía. Cuando termine de escribir esta entrada la preguntaré qué tal ha ido, y lo contaré también en la siguiente entrada.
El viernes, mi amiga Nerea, del jugger de Cartagena, me alisó el pelo y me dejó súper bien:
Lo más importante sin lugar a dudas, fue cuando a mediados de la pasada semana mi madre bajó a Cartagena a hablar con mi tutora del instituto, Marioly, y con Alberto, del colectivo Galactycos. Como anécdota, contaré que unos minutos antes de acabar mi clase previa a la charla con mi madre y Marioly, fui al baño (de chicas, he empezado a ir desde el lunes pasado), y al salir justo, entró mi madre. Yo me sorprendí, pero la cara de ella era otro mundo, se quedó perpleja. Y me da mucha pena, porque sé que lo está pasando muy mal con esto, bastante peor de lo que me imaginaba.
A Marioly mi madre le contó multitud de cosas sobre mi pasado, más de las que esperaba y más de las que me hubiera gustado, pero ni la interrumpí, ni protesté ni nada; cosa que más adelante Marioly me dijo que le sorprendió de mí, para bien. Me animó Marioly a ir con mi madre a terapia familiar, enfocada a recuperar una buena relación de unión entre nosotras dos, aprovechando este momento particular de mi vida. Con tal de que mi madre estuviera mejor, acepté ir, aunque la idea no me convenciera ni me convenza del todo.
Además, mi madre había buscado por su cuenta una terapeuta en Cartagena, que estaba al lado de donde yo estudio, de forma que ella vendría aquí a hacer la terapia, en vez de ir yo a Murcia.
Tras ello, fuimos a hablar con Alberto, del colectivo. Con Marioly estuvimos rondando las dos horas, pero con Alberto estuvimos poco más de la mitad. La charla aquí fue más distendida, aunque antes no había sido especialmente tensa, porque mi madre estaba algo más tranquila tras haber hablado con mi tutora. No se repitió en todas las cosas, sí en algunas, y Alberto pudo hablar desde un punto de vista más cercano al colectivo trans y LGTB en general.
Sé que he omitido los detalles de las charlas, pero es que no quiero extenderme con eso. Principalmente mi madre pudo desahogarse, y no en un mal sentido, con personas de mi entorno o que sabían sobre el tema como eran ellos dos, Alberto y Marioly.
Ya pasadas las tres y media, fuimos al cien montaditos a comer las dos, aprovechando la oferta del miércoles todo (casi todo) a un euro, y la invité yo. Me dijo que estaba algo más tranquila, aunque llevaría mucho tiempo asimilar esto, normalizarlo y estar bien. Esto le superada, y mi madre ha sido siempre una mujer muy fuerte, y lo ha demostrado especialmente desde que mi padre la dejó a finales de 1999.
Ahora bien, yo me alivié de más aquel día. A media mañana del día siguiente, tenía cita ella con la terapeuta, ella sola. Y casi a la misma hora tenía yo cita con Mery, una psicóloga especializada en orientación sexual e identidad de género que tanto Marioly como Alberto me habían recomendado. Como anécdota, me dijo que no me había reconocido en la sala de espera (yo era la única persona esperando) porque le habían dicho que estaba esperando un chico, pero que al verme ella vio a una chica. Me sentí muy feliz cuando me lo dijo, la verdad.
Le conté cómo había llegado a sentirme así, antecedentes que he resumido en otras entradas, etcétera. ¿Y sabéis qué fue lo mejor? No vio nada raro, lo vio normal, incluso que conocía casos parecidos. En efecto, no todo el mundo empieza a "manifestar cosas" a edades súper tempranas. Hay quienes empiezan más allá de los cuarenta incluso. Me dijo también que lo de la terapeuta era buena idea, y que tendría que llenarme de paciencia con mi familia. Me pareció una chica súper agradable, quienes me la recomendaron no exageraban para nada.
Esa tarde hablé con mi madre; me había pedido cita al terminar ella con la terapeuta para mañana a las siete, con lo que lo que hable con ella lo contaré en la siguiente entrada. Le hablé sobre Mery, y aquí fue cuando me di cuenta de que me había "aliviado" excesivamente el día anterior. Empezó a ponerse más como al principio, no tan abierta como antes. Decía cosas como que las personas con las que había hablado (Mery, Alberto) lo que hacían era darme la razón, nadie me decía nada opuesto. Ella lo ve quizá como un debate, aunque no lo exprese, no que ni siquiera un psicólogo me va a decir si lo que hago está bien o no, porque no hay nada que cuestionar sobre ello, no es una decisión que esté bien o mal, es como soy yo. No es por ejemplo aceptar o rechazar un trabajo, comprarme un coche u otro, apostar X dinero en algo. Es algo distinto, pero queda mucho para que mi madre lo vea así, si es que algún dia lo hace, lo cual no lo veo del todo necesario para que me vea como realmente soy yo.
He de decir que me estresé bastante y me agobié, de ver cómo de repente la cosa daba varios pasitos hacia atrás. Sabía que esto iba a ser de todo menos fácil; pero como dije en una entrada anterior, hasta que no lo vives no lo entiendes de verdad. Por suerte, esa tarde tuve entrenamiento de jugger y pude descargar adrenalina. Intento desde el primer momento hacer ver a mi madre que ante todo, estoy feliz, pero sé que pese a ello, habrá un tiempo que ella no lo estará. Y lo paso mal por ella también. No quiero verla así, pero me "tranquiliza", por así decirlo, saber que era algo totalmente inevitable. Sólo intento que sea lo más leve y corto posible para ella.
No he vuelto a hablar del tema con mi madre. El sábado me compré mi primera falda, de polipiel, negra y ni muy suelta ni de tubo. Y hoy mi madre, para mi sorpresa, ha ido a hablar con Mery a mediodía. Cuando termine de escribir esta entrada la preguntaré qué tal ha ido, y lo contaré también en la siguiente entrada.
El viernes, mi amiga Nerea, del jugger de Cartagena, me alisó el pelo y me dejó súper bien:
Y este mediodía hemos ido al centro comercial, yo a devolver las botas bajas que me compré, que no me terminaron de convencer, y a comprar otras, un vaquero ajustado para tener dos, dos pares de medias, y Nerea un pantalón. Y por supuesto, hemos comido juntas. Me lo he pasado sumamente bien con ella, y cosas así se agradecen en estos momentos. Mucho mejor que ir de compras sola, mil veces.
Estoy terminando de escribir esto tan pronto como he vuelto del centro comercial. Luego me probaré juntas las botas, las medias y la falda; espero que me convenzan del todo en su conjunto. Escribiré de nuevo en unos días :)
Amon Amarth - One Against All:

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