Ser yo misma (parte 2/4)

Esta semana ha sido bastante movida en cuanto a cambios, novedades y avances. Intentaré no entretenerme más de la cuenta en cada parte, aunque no dejaré sin contar nada. No va a ser nada fácil escribir sobre la última parte.



El martes o el miércoles, creo que fue el miércoles, fui al Espacio Mediterráneo, un centro comercial a las afueras de Cartagena. Mi idea era comprar unos guantes y varias cosas para jugger en el decathlon, y un chocker, una especie de collar. Sobre el chocker, quería que fuera negro, y para encontrarlo fui al Claire's que había en el "Espacio". En efecto lo encontré, y pese a quedarme ligeramente grande, no tenía otras opciones, pero aun considerando la posibilidad de buscar más adelante en otro lugar, me resultó lo suficientemente atractivo como para comprarlo.

He de admitir que nunca me han gustado los chockers. Claro está, hasta que empecé a tener dudas sobre mi verdadera identidad. Me han cambiado algunos gustos, y habrá más por llegar. Es un accesorio que, a mi ver, afeminiza bastante la imagen, y por ende me atrae llevarlo. Desde que lo compré sólo me lo he quitado para ducharme y dormir, y estoy encantadísima con él.

Tras salir del Claire's, me di de bruces con el Primark. Entré a curiosear. Admiro que, los primeros minutos, estaba muy nerviosa, e iba mirando ropa de chica con mucha timidez, como si hubiera un peligro acechando o algo. Después me solté y me sentí rápidamente como si fuera ropa de chico, la sección en la que he estado en las tiendas de ropa siempre que yo misma he buscado algo para mí. Iba sola, que creo que no lo he dicho.


Encontré una chupa fina de polipiel de chica, que cogí para probarme ya que me gustó el diseño. También vi unas botas de tacón grueso, de unos 7 centímetros, medidos a ojo. Ambas prendas negras. No pensaba comprarme nada, pero me las quise probar. Y sencillamente, me encantaron. Nunca jamás había usado alguna prenda de tacón, y la sensación era indescriptible, para bien. Lo que pasaba es que pese a usar una 42,5 en zapatos de chico, esas botas del 41 me estaban grandes. Las cogí porque era el único par que quedaban.

Salí del probador y busqué, y de milagro encontré una 38, y me las probé. Esta vez el pie no me cabía directamente. Con lo que desistí y compré la chupa, que sí me había gustado, y podría llevar de diario en esta época del año. Y por azar o por destino, justo antes de salir de la tienda, en la zona de las chaquetas vi un par de botas idénticas a las de antes, de una talla 40. No me lo podía creer. Fui corriendo a probármelas. Y me estaban bien. ¡Era mi talla! Me bailaba muy ligeramente el talón al andar, pero como mucho necesitaría una plantilla. Me sentía súper feliz, y por supuesto me las compré. Estaban de rebajas, con lo que salieron bastante baratas las prendas. No me di cuenta hasta que vi el precio, siempre hay rebajas en esta época del año pero no había reparado en ello.




Y bueno, voy a contar otra anécdota posterior. Este pasado jueves, después de clase, a las dos, me quedé hablando con Marioly, mi tutora y profesora de programación y de bases de datos. Le conté acerca de cómo me sentía y de mi transición, y por encima mi situación actual. Me dijo que me llevaba notando rara desde finales de noviembre, que en su día me lo dijo, cierto, pero yo le dije que no ocurría nada en su día (y no ocurría nada malo al menos). También apareció Maricruz, mi profesora de entornos de desarrollo, y muy amiga de Marioly.

Ambas me dieron muchos ánimos, me preguntaron si necesitaba algún tipo de ayuda o apoyo varias veces, a lo que respondí que de momento no, recalcando el "de momento", ya que estoy en una fase de visibilización únicamente por ahora. Me preguntaron si me tratarían en femenino en clase o todavía no, a lo que respondí afirmativamente, pero dejando claro que no pasaba nada si se les olvidaba o algo, que llevaría un tiempo que se acostumbrasen. También les pedí que en algúna reunión o claustro se lo comentasen a mis otros profesores ellas por mí, y accedieron gustosamente.

Me dijeron que era muy valiente por todo esto, que es algo muy complejo y complicado de cara a la sociedad y al mundo, y teniendo en cuenta mi familia, habiéndoles contado por encima que ellos eran totalmente ajenos a este mundo. Me sentí muy bien tras habérselo contado a las dos, la verdad.



Y bueno, aquí empieza la parte mala. Voy a procurar no extenderme más de la cuenta.

El viernes por la tarde le conté, de la forma más suave y delicada de la que fui capaz, a mi madre que me sentía una chica. Ella es una persona que no conoce a ninguna persona transgénero ni transexual, y lo más cercano que tiene al colectivo LGTB es que a algunos de sus alumnos (ella es profesora de instituto), en palabras suyas, "se les ve el plumero". Yo sabía que tenía poco contacto con este mundo, pero no TAN poco. Así que la cosa será más difícil de lo que ya me esperaba que fuera.

Mi madre no entró en pánico pero sí en shock. Nunca la había visto así. Enseguida hizo porque habláramos las dos con mi padrastro también, aunque prefería contárselo a ella bien primero, pero bueno. Mi padrastro ni de lejos se sorprendió tanto. La primera reacción de ambos en común era que nada de hablar de esto con Alba, mi hermana pequeña de 11 años, ni de hablar en femenino delante de ella. Me chocó un poco pero enseguida lo entendí.


A la noche, ya habiéndose acostado mi hermana, seguimos hablando los tres. Voy simplemente a resumir las conclusiones que he sacado de las conversaciones que tuve con ellos el viernes, y el sábado por la mañana (evidentemente es lo que piensan ellos, no yo):
  • Estoy teniendo una crisis existencial, desde mi cambio de carrera, mi ruptura con Tamy o vete a saber.
  • No tengo la menor idea de lo que estoy haciendo.
  • No sé ni he pensado en todo lo que este cambio supone para mi vida.
  • Tengo que estar equivocada puesto que no he dado señales de esto desde pequeña, y TODAS las personas trans lo hacen o se les nota desde muy peques, igual que a las personas homosexuales (es flipante esto, ¿no?).
  • Necesito un psicólogo.
  • No soy capaz de evaluar los riesgos de todo esto porque soy estudiante, nunca he trabajado y lo he tenido siempre todo muy fácil cayéndome todo del cielo. En relación a esto último también enlazaron un tema sobre mi padre que no voy a mencionar aquí, pero es una espina que tienen ellos clavada respecto a mí desde hace más de dos años y en la que yo no les llevo la contraria para no discutir, estando sin embargo en puntos de vista opuestos. Ellos sacan la mierda, yo les ignoro, me cabreo y me muerdo la lengua, dejo que digan gilipolleces hasta que se cansan. Ya me lo hicieron cuando les hablé de dejarme la ingeniería.


Puntualizo algunas cosas. Lo del psicólogo, ellos piensan que el 100% de la población necesita un psicólogo porque sí, lo curioso es que no me lo han dicho hasta decirles esto. Pese a haberles dicho que ha hablado con Alberto, del colectivo LGTB de Cartagena, y que en un futuro antes de las hormonas sí o sí tengo que pasar por un psicólogo por procedimiento, les da exactamente igual.

Me estoy poniendo muy mal mientras escribo esto, y para colmo mi madre me ha llamado y hemos estado hablando un poco, más bien discutiendo, y estoy cabreadísima llena de rabia e impotencia a partes iguales.



Lo voy a dejar aquí de momento, mañana o pasado continuaré explicando todo esto. Perdonad pero no estoy en condiciones anímicas de seguir ahora.

Tengo claras mis decisiones, ideas, pensamientos y sentimientos, y nada ni nadie se va a interponer entre mí y mi felicidad.

Comentarios

  1. Muy bien dicho! Lo primero es tú felicidad, demuestras mucho coraje por todo lo que estás haciendo! Ánimo valiente! 😍😘

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Cómo he llegado hasta aquí (parte 3/4)

Asimilación

Miedo, ese viejo conocido.