Ser yo misma (parte 4/4)

Voy a resumir en una breve entrada una experiencia que tuve ayer.



Ayer se me ocurrió la genial idea de ir de compras, yo sola, a media tarde. Así que no me lo pensé mucho y sobre las cinco salí de casa. Llegué a la Calle Mayor dispuesta a entrar en Zara, que es donde solía comprar ropa, porque el tipo de ropa en general hace que no tarde mucho en encontrar lo que voy buscando. Sin embargo, me crucé de bruces con la tienda que hay justo antes de Zara, Inside. Me asomé un poco, y lo que vi me gustó lo suficiente como para entrar.

Nada más entrar me arrepentí. Me pasó algo que no me había pasado jamás en la vida al entrar a una tienda de ropa. ¡Lo quería todo, absolutamente todo! Normalmente no quería nada, sólamente quería salir e irme de allí.


Cuanto más miraba, más me gustaba.

Recorrí entera la sección de chica. No me molesté en mirar la masculina más que de reojo. Ojeé un poco las faldas, los vaqueros, las botas, camisas y jerseys, que eran las prendas que más me interesaban. Sobre todo me centré en los precios, para compararlos luego con Zara e ir a donde fuera más barato. Lo que más me llamó la atención fueron unas preciosas botas altas, negras, de cuero falso. Me encantaron otras de estilo muy metalero o gótico, de tacón de goma de tamaño considerable, pero eran algo caras, por lo que de momento no pensé en ellas. Me puse algo nerviosa de estar dando vueltas por la sección femenina, pudiéndose dar cuenta cualquiera de que era un chico, aunque con el pelo suelto disimulaba a primera vista. No era porque alguien pudiera decirme algo, en absoluto, nadie lo iba a hacer. Por suerte apenas había gente aparte de las dos empleadas. Pero era una sensación de nerviosismo de la que no conseguía librarme.

Me fui a Zara dispuesta a buscar más cosas. Las camisas y jerseys de Inside no me habían llamado la atención, y las faldas no demasiado. En Zara normalmente la ropa encajaba más con mis gustos. Cuando veía algo de precio desorbitado directamente lo descartaba, como fue el caso de unas botas. En Zara sí que había mucha más gente, y en la planta baja todo era sección femenina. Me puse súper nerviosa; había muchísima más gente que en Inside, todo chicas, de todas las edades.

Al principio iba de un lado para otro, "ojeando" y mirando prendas sin centrarme mucho en ninguna. No conseguía centrarme de lo nerviosa que estaba. La mayoría de gente ni me miraba, sólo unas pocas personas, y la mayoría no hacían nada, sólo alguna que otra mujer parecía extrañada, supongo que tras darse cuenta de que estaba viendo a un chico en esa sección. No es que tuviera miedo, pero entre eso y que a duras penas entendía de ropa femenina más allá de lo que tiene en común con la masculina, me daba cierta vergüenza.


Me costó horrores y cerca de veinte minutos recorriéndome la planta encontrar algunas prendas que poder llevarme al probador; primero por diseño y luego por talla. Quería unos vaqueros de chica que fueran ajustados, al menos por la parte de los tobillos. Eso seguro; el resto bienvenido sería pero no tenía preferencias, aunque me gustaban las botas que vi en Inside.

Di con dichos vaqueros; una camisa blanca de chica, que me había gustado por los puños grandes que tenía (que es como a mí me gustan); una falda y una camiseta. Me dispuse a ir a probador; y primero me probé los pantalones. Algo justos, debí coger una 42 en vez de una 40, pero en sí iban bien. Después, probé a ponerme la camisa. Esta vez no me vi tan bien como con los pantalones, y tenía el mismo problema de la talla, debí coger una L en vez de una M (mi talla de chico normalmente es la S y en algunos casos la M). La falda, bueno, era más larga de lo que aparentaba, y aunque me gustaba, tan larga me quedaba un poco rara. Y para colmo, la cremallera estaba defectuosa y no se cerraba. La camiseta era lo único con lo que acerté totalmente, y además pasaba por prenda unisex.

Salí y cogí una L de camisa y una 42 de pantalones. Esta vez los pantalones iban perfectos, pero la camisa pese a gustarme el diseño no terminó de convencerme, y aunque me apené, no la compré. La falda tampoco. Me llevé la camiseta y los pantalones.


Como anécdota, contaré que la cajera al ir a pagar me dijo "Son sesenta y cinco con... uh, espera, no". Los pantalones valían 30 y la camiseta 9, aunque ésta se quedaba en 4 por las rebajas. Yo me sorprendí muchísimo, asustándome por un momento. Reparó en el error y me dijo el precio final: 16,98. Me sorprendí aún más, resulta que los vaqueros tenían un 60% de descuento, se quedaban en 12 euros. Estaban en una sección de nueva colección por puro error. Así que salí de allí súper contenta, con casi todo lo que quería y por mucho menos de lo que esperaba haberme gastado.



Realmente suspiré al salir. Cuando llevaba ya media hora en la tienda me tranquilicé respecto al estar allí, pero seguía sin ser ni de lejos la misma sensación que cuando iba antes a comprar ropa de chico. Supongo que tendré que hacerlo varias veces y deberá pasar algo de tiempo para acostumbrarme.


Volví a Inside, y pedí que me sacaran la talla 40 de las botas que había visto, talla que por suerte tenían. Me las probé junto a los vaqueros de Zara, los cuales tras salir del probador de Inside ya llevé puestos el resto del día; no esperé a llegar a casa. Me encantaba cómo me quedaban, y gracias a las rebajas el precio se me quedaba en la mitad. Así que, tan contenta, me las llevé.

De vuelta a casa iba contenta, con ganas de ponérmelas al llegar, porque había quedado para cenar con dos chicas de segundo de DAW, que eran las únicas que se habían apuntado a la cena que había sugerido yo. Me olvidé de todo lo nerviosa que había estado en las tiendas.




Cuando salí de nuevo a la calle, ya con las botas puestas, me sentí todo lo contrario a estresada y agobiada. Tranquila, feliz, cómoda conmigo misma. Que es precisamente de lo que se trata.





Dejo por aquí Avalanche, una canción genial de Archenemy:



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